El humanoide de la carretera
El enigma del Dover Demon se convirtió en el centro de una de las historias de humanoides más desconcertantes del siglo XX

En abril de 1977, un pequeño pueblo de Massachusetts, Estados Unidos, se convirtió en el centro de una de las historias de humanoides más desconcertantes del siglo XX. Durante dos noches consecutivas, varios jóvenes reportaron haber visto una extraña criatura caminando junto a la carretera, observándolos en silencio desde los bosques que bordean el poblado de Dover. Aquello que describieron no encajaba con ningún animal conocido… ni con un ser humano.
El primer avistamiento ocurrió la noche del 21 de abril. Bill Bartlett, de 17 años, conducía con dos amigos cuando los faros del auto iluminaron algo extraño junto a un muro de piedra. Según declaró a la policía, la criatura tenía una cabeza desproporcionadamente grande, completamente lisa, sin orejas ni cabello. Sus ojos, enormes y anaranjados, reflejaban la luz como si fueran dos esferas vivas. Bartlett aseguró que el ser lo observó fijamente mientras él pasaba a pocos metros.

Veinticuatro horas después, otro joven, John Baxter, caminaba por una carretera rural cuando notó una figura delgada siguiéndolo entre los árboles. Al creer que era una persona, intentó acercarse, pero pronto se dio cuenta de que aquello poseía extremidades demasiado largas y una postura arqueada, casi arácnida. Baxter retrocedió aterrado y corrió hasta encontrar ayuda. Su descripción coincidía casi por completo con la brindada por Bartlett la noche anterior.
La criatura, bautizada por la prensa como “El Dover Demon”, medía aproximadamente un metro de altura, tenía piel del color de la arena húmeda y carecía de rasgos faciales reconocibles, salvo sus ojos brillantes. Un detalle inquietante es que ninguno de los testigos afirmó haber visto boca o nariz. Según ellos, el ser se movía de forma fluida, silenciosa, como si sus extremidades no tuvieran articulaciones convencionales.
La policía local abrió una investigación informal, principalmente para descartar bromas pesadas o un posible animal escapado de alguna propiedad privada. Sin embargo, nunca encontró evidencia de fraude ni huellas que permitieran identificar al responsable. La coherencia entre los relatos de los jóvenes —que no estaban juntos y no tuvieron contacto entre sí antes de sus declaraciones— aumentó el misterio alrededor del caso.
Con el paso de las semanas, ufólogos y expertos en fenómenos paranormales visitaron el pueblo para entrevistar a los testigos. Algunos especularon con la posibilidad de que se tratara de un “humanoide extraterrestre”, mientras que otros lo relacionaron con encuentros cercanos del tipo III, debido a la descripción anatómica poco común. Las teorías más escépticas sugirieron que podría haber sido un animal, quizá un alce joven o un primate escapado… aunque ninguno de esos animales encaja plenamente con las descripciones.

A pesar de la atención mediática, el Dover Demon nunca volvió a ser visto. La criatura desapareció tan repentinamente como llegó. Sin embargo, el caso continúa estudiándose porque los testigos, ahora adultos, mantienen sus relatos sin variaciones incluso 45 años después. Ninguno de ellos ha obtenido beneficio económico ni fama por la historia, lo que hace difícil descartar completamente la autenticidad de sus testimonios.
Hoy, el avistamiento del Dover Demon sigue siendo uno de los encuentros con humanoides más inquietantes ocurridos en una carretera. Un recordatorio de que, en la oscuridad de los caminos rurales, pueden aparecer figuras que desafían la lógica y permanecen como enigmas abiertos en el archivo de los sucesos inexplicables.
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