Lo que hoy duele, mañana sanará
Reflexión de Fe. Aun en la noche más oscura, Dios está más cerca de lo que imaginas.

El dolor no es el final del camino: es el lugar donde Dios empieza a obrar lo que tú no puedes ver. Aunque hoy te cueste respirar, Él ya está preparando la sanación que mañana dará sentido a todo.
El dolor llega sin pedir permiso. A veces te quiebra, a veces te cansa, a veces simplemente se instala como si nunca fuera a irse. Pero aunque hoy parezca interminable, Dios conoce cada lágrima que escondes y cada silencio que te pesa. Él ve lo que nadie más ve: la batalla que peleas por dentro.
Hay heridas que duelen sin sangre, heridas que vienen de pérdidas, traiciones o decepciones que no sabes cómo acomodar. En esos momentos, la fe no es un discurso… es refugio. Es el único lugar donde puedes dejar caer las cargas sin miedo. Allí, justo en tu dolor, es donde Dios se acerca más.
Tienes que soltar
Sanar a veces duele tanto como la misma herida. Porque sanar implica soltar, acomodar, entender y, sobre todo, confiar. Pero cada día, aunque tú no lo notes, Dios va cerrando lo roto y levantando lo que creías destruido. La reconstrucción es lenta, sí, pero es real.
Lo que hoy te pesa mañana será más ligero. Lo que hoy te rompe, mañana será parte de tu fortaleza. Dios convierte el sufrimiento en aprendizaje y el aprendizaje en luz. No hay lágrima que Él no transforme. No hay noche tan larga que Él no pueda convertir en amanecer.
Y cuando por fin mires atrás, entenderás que no caminaste solo. Dios estuvo allí, cargándote cuando no tenías fuerzas, sosteniéndote cuando sentías que ibas a caer. Cada paso doloroso te llevó a un lugar más firme, más sabio y más lleno de propósito. Su obra nunca llega tarde.
Ten paz: Dios no deja un dolor sin propósito. Lo que hoy te hiere mañana será testimonio. Y lo que hoy te hace llorar será la marca que te recordará lo fuerte que te volviste. Confía… lo que hoy duele, mañana sanará.
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