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El modelo Boi Gordo y las dudas sobre las inversiones ganaderas

El antecedente brasileño de Boi Gordo plantea interrogantes sobre modelos de inversión ganadera que posteriormente aparecieron en Uruguay.

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Tihanna Michelena17 de agosto de 2026 · 09:41 a. m.
El modelo Boi Gordo y las dudas sobre las inversiones ganaderas

El caso de Fazendas Reunidas Boi Gordo, en Brasil, se convirtió en uno de los mayores escándalos vinculados con inversiones ganaderas en la región. Décadas después, la aparición de modelos similares en Uruguay, como los contratos promovidos por el Grupo Larrarte, abrió interrogantes sobre la supervisión del mercado y la capacidad de las autoridades para detectar riesgos.

Boi Gordo fue fundada en Brasil en 1988 y durante los años noventa expandió contratos de engorde de ganado con promesas de rendimientos fijos. La empresa utilizó una estrategia comercial de gran alcance, con publicidad en televisión, participación de figuras públicas y visitas de inversores a sus campos antes de solicitar el concurso preventivo en octubre de 2001.

El antecedente que dejó Boi Gordo

La caída de Boi Gordo expuso un esquema que, según el texto analizado, superó los USD 1.200 millones y afectó a más de 30.000 personas. El proceso judicial posterior terminó con la quiebra de la compañía, decretada por la Justicia de São Paulo entre 2006 y 2008.

El caso mostró los riesgos asociados con modelos que ofrecen retornos fijos respaldados en actividades ganaderas. La producción de ganado está sujeta a ciclos biológicos, precios y otros factores que dificultan sostener de manera permanente rendimientos predeterminados.

Uruguay adoptó una estrategia diferente

Entre 2019 y 2020, el Grupo Larrarte comenzó a promover en Uruguay contratos de participación ganadera con rendimientos netos fijos en dólares. En los años siguientes, la empresa amplió su presencia mediante publicidad digital y recorridos por establecimientos destinados a potenciales inversores.

A partir de 2023 comenzaron a registrarse dificultades en el cumplimiento de pagos y, entre 2024 y 2026, surgieron reclamos judiciales y procesos concursales. Las similitudes con el caso brasileño han generado cuestionamientos sobre las características de ambos modelos, aunque establecer una relación directa entre las empresas requiere evidencia adicional.

El debate sobre la supervisión

El antecedente de Boi Gordo plantea una pregunta sobre el nivel de conocimiento que existía en Uruguay acerca de los riesgos de este tipo de inversiones. El caso brasileño había alcanzado una escala considerable y se produjo en un país vecino, pero no parece haber ocupado un lugar central en el debate público uruguayo sobre estas estructuras.

La cuestión no se limita a determinar si una empresa adoptó estrategias comerciales utilizadas anteriormente en Brasil. También involucra la capacidad del mercado y de las instituciones para identificar señales de riesgo antes de que los problemas financieros afecten a los inversores.

Una advertencia que vuelve a la discusión

Lo que se sabe es que Boi Gordo dejó un precedente sobre las consecuencias que puede generar la captación de dinero mediante promesas de retornos vinculados a la actividad ganadera. Lo que falta por determinar es hasta qué punto las similitudes con los modelos posteriores en Uruguay responden a una estrategia deliberadamente inspirada en ese antecedente y qué medidas de supervisión pudieron haberse aplicado antes.

El caso vuelve a poner bajo discusión la necesidad de evaluar con mayor rigor las promesas de rentabilidad fija en actividades cuyos resultados dependen de variables productivas y de mercado. Para los inversores, la diferencia entre una inversión respaldada por activos reales y una promesa de retorno garantizado sigue siendo un elemento central antes de entregar capital.

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