‘Genealogía del silencio’: obra sobre mestizaje y pobreza en Quito
‘Genealogía del silencio’, de Alfredo Espinosa, se presentará el 22 de julio en el Teatro San Gabriel. La obra indaga el mestizaje, el silenciamiento impuesto y los oficios invisibles de la pobreza mestiza.

‘Genealogía del silencio’, la obra del dramaturgo ecuatoriano Alfredo Espinosa, se estrenará el 22 de julio en el Teatro San Gabriel, en Quito. La pieza sigue a un anciano indigente de 120 años que recorre la historia de Ecuador desde 1905 hasta 2025, cargando los oficios invisibles asociados a la pobreza mestiza.
Dividida en tres partes, la obra tiene una duración de hora y media y requirió año y medio de investigación. Espinosa plantea que el relato indaga los orígenes del mestizaje desde conceptos de clase, etnia e historia, y reflexiona sobre el silencio y el “silenciamiento impuesto” en la sociedad mestiza.
Mestizaje, clase y “silenciamiento impuesto”
En la primera parte, el anciano aparece como único protagonista y ejerce “el último de los oficios del silencio: la esperanza”, ofreciendo solidaridad en medio de su pobreza. En la segunda, un profesor lo extrae de ese mundo con ofrecimientos económicos que no cumple, según la descripción de la obra.
La segunda parte muestra, con fotografías, oficios de la pobreza mestiza vinculados a “determinados por el capitalismo”: obrero, mendigo, cargador y cantante en autobuses, además de “profesiones silenciadas”. Espinosa, quien es actor con más de 40 años de trayectoria y fundador y director de Magmateatro, dijo que ser mestizo implica una combinación de factores históricos y políticos, incluyendo revoluciones y luchas. Para la gente, la consecuencia directa es la persistencia de la exclusión y la falta de voz política asociadas a esos oficios.
Oficios, vulnerabilidad y escena final
La tercera parte, titulada El viejo, el tiempo, el niño y el viento, mantiene a Espinosa encarnando al anciano, mientras que María del Mar interpreta al niño. Ambos se encuentran por casualidad en un bosque urbano y hallan un refugio, donde, pese a cargar con pobreza, exclusión, olvido y soledad, se permiten ser felices de distintas maneras.
En ese encuentro, los personajes reconocen que no hay nada para ellos y que el abandono es su condición, con una rutina de comer una vez al día: el niño para que nadie le quite el hambre, y el viejo para reunir fuerzas para recibir a la muerte. Lo que se sabe hasta ahora es que la puesta en escena busca construir empatía a través de una poética dramatúrgica, simbólica y espacial; lo que falta por confirmar es cómo reaccionará el público y qué lectura privilegiará cada espectador sobre el “silenciamiento” que plantea la obra.
Presentación en el Teatro San Gabriel
La obra se presentará el próximo 22 de julio en el Teatro San Gabriel, en Quito, y se apoya en la mirada, la palabra y el silencio como ejes para confrontar la indiferencia social. Para quienes planeen asistir, el texto sugiere prestar atención a la relación entre el anciano y el niño en el bosque urbano, porque allí se concentra la transición de la carencia a la certeza de “tenerse mutuamente”. La historia, al cierre, afirma que incluso desde la precariedad pueden surgir ternura, esperanza y amor, en una escena que coloca la pobreza y la exclusión en el centro de la ciudad.
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