“Efecto del inmigrante sano”: España reporta hasta 62,7% más fármacos
Un estudio presentado por Mónica García analiza el “efecto del inmigrante sano” en España y encuentra que los nacidos en el país consumen hasta 62,7% más DDD.

La ministra de Sanidad de España, Mónica García, presentó este lunes el estudio Estado de salud y uso del sistema sanitario por la población migrante en España, que compara la salud de personas nacidas en España con migrantes procedentes de cinco regiones. El informe confirma el fenómeno internacional conocido como “efecto del inmigrante sano” y halló que, en la mayoría de las 21 patologías analizadas, los nativos muestran prevalencias más altas.
El trabajo explica que la premisa describe una ventaja epidemiológica inicial de las poblaciones migrantes al llegar al país de destino, con indicadores de salud superiores a los nativos. Para el análisis, el Ministerio de Sanidad seleccionó los 21 problemas de salud que concentran más gasto por requerir más consultas, tratamientos y seguimiento médico.
Más prevalencia en 16 de 21
De acuerdo con el informe, la población nativa presenta prevalencia superior en 16 de las 21 patologías frente a todas las regiones analizadas. En cuatro de ellas —trastorno de ansiedad, trastorno del metabolismo lipídico, infecciones respiratorias agudas del tracto superior y asma— las tasas de prevalencia superan en más de 20 puntos las registradas en las demás regiones.
También se identificaron casos con cifras cercanas. El infarto agudo de miocardio aparece con una tasa de 8,7 por mil en personas nacidas en España frente a 8,8 en las procedentes de la Unión Europea. En hipertensión no complicada, las cifras son casi equivalentes: 172,2 en nativos y 174,4 en africanos. En la práctica, estos resultados se reflejan en diferencias en la presión asistencial y en la demanda de tratamientos.
Excepciones y uso de fármacos
El Ministerio señaló excepciones donde los migrantes exhiben peores indicadores. En diabetes mellitus no insulinodependiente, la tasa es 103,2 por mil en personas procedentes del Mediterráneo Oriental, frente a 69,3 en la población nacida en España. En hipertensión no complicada, los africanos registran 174,4 frente a 172,2, y en insuficiencia renal crónica reportan 26,2 frente a 21,2.
El estudio también relaciona la evolución de la salud con el uso del sistema sanitario. En salud mental, el 18,2% de nacidos en España y el 18,1% de migrantes acudieron a un profesional en el último año. En consumo farmacéutico medido como Dosis Diaria Definida, los nativos registran 1.503,2, una cifra que supera en 62,7% a la población procedente de África y en casi 50% a la de Latinoamérica. Lo que se sabe hasta ahora es que la ventaja inicial del “migrante sano” tiende a empeorar con los años de estancia en España, asociado a desigualdades en vivienda, alimentación y condiciones laborales.
Qué sigue para el sistema
El informe atribuye el deterioro a la exposición a factores de riesgo y a barreras legales, administrativas y lingüísticas que dificultan el acceso a prevención y diagnóstico precoz. También señala que la carga de enfermedad crónica es mayor entre los nacidos en España, con la tasa más elevada de multimorbilidad (472,3 casos por mil), y que la tasa de personas con tres o más males crónicos es hasta 65% mayor que en otras regiones. Lo que falta por confirmar, según el documento, es cómo se traducen a nivel individual estas diferencias en trayectorias concretas de acceso y atención.
En el plano de sostenibilidad, el Ministerio recordó que desde hace más de dos décadas el Sistema Nacional de Salud se financia mediante impuestos y Presupuestos Generales del Estado. El estudio, apoyado en el análisis de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, subraya que la población migrante contribuye a su sostenimiento económico en condiciones equiparables al resto de la población y que su aportación supera los costes de su atención. Para el lector, la guía práctica es revisar si se cuenta con rutas claras para acceder a prevención y diagnóstico, especialmente cuando existan barreras administrativas o de idioma, porque el tiempo de llegada a la atención puede marcar la diferencia.
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